martes, 19 de octubre de 2010

El paredón del blog 11- Un sentimiento erótico que se baila

"Qué saben los pitucos, lamidos y shushetas
qué saben lo que es tango, que saben de compás.
Aquí está la elegancia. ¡qué pinta, qué silueta,
qué porte, que arrogancia, qué clase pa bailar!
Así se corta el césped mientras dibujo el ocho,
para estas filigranas yo soy como un pintor.
Ahora una corrida, una vuelta, una sentada,
¡así se baila un tango... un tango de mi flor!"
Marvil (Elizardo Martínez Vilas)
De la gran cantidad de literatura que versa sobre la Música, una proporción  muy pequeña ha sido dedicada al Baile Popular. De esa mínima proporción, quizás el más privilegiado por la variedad de comentaristas y la calidad de sus plumas, ha sido El Tango. Cortäzar, Borges (más milonguero), Sergio Pujol, Eduardo Romano... Por eso mismo, resulta muy gratamente sorprendente encontrarse en la descarga de belleza y generosidad que es el blog de Melody Paz, con uno de sus relatos sobre la relación erotanguera. Yo, que soy un saqueador irredimible, se lo he birlado y se lo he puesto aquí, con la intención de darle un toquecito a su corazón, pa que sepa lo que se siente cuando se encuentra a boca de jarro en sitios inesperados con sus escritos. (Melodía, tolérame las transformaciones, no tengo ninguna excusa: soy un punga que cuando escucho tango pienso en María Schneider y corro a buscar mantequilla):
-¿Cómo será bailar un tango contigo, en nuestro propio Harlem? -Me preguntó mientras aferraba tibiamente mi mano.
-¿Será como lo imaginé? ¿Tendrá el mismo sabor que en mis sueños?
La música empezó a enredarnos en un dos por cuatro bajo un cielo de vid entre las redondas e insolentes glicinas que espiaban nuestros movimientos. Las piernas me temblaban, había que ser lo bastante arrabalera para bancarse un guapo de estos. Y yo lo soy. Se cazar y defenderme en las pistas de baile y de la vida. Nos juntamos como dos fieras en celo. 
Adelantaste tu pie derecho con la reciedumbre enguantada en la dosis justa de suavidad y te fuiste acercando lento y canyengue, sin liberar tus ojos secuestrados en los míos. Respondí clavando con firmeza el tacón de mi pie derecho, al tiempo que movía felinamente el izquierdo. Me incitaste atrayéndome hacia ti, tatuándome a tu pecho, con la distancia en huelga. Me rodeaste por la cintura, como para no hacerme daño, pergeñando tu firma: En este momento eres mía, de más nadie, escribiste, acentuando tu nombre. Las pestañas casi se rozaban, mi mejilla giraba en rosa acariciando la tuya. Hundiste tu pierna en medio de las mías que te recibieron complacientes y te deslizaste por cada intersticio de la red de mis medias y entre el tajo pronunciado de mi pollera hasta la cúspide de mis muslos, exhibiendo la pizca de luna y las tres estrellas, que ya sabía de antemano, tenía reservada para ti escondida en el centro de mi sexo.
Me dominaste, girándome varias veces. Vueltas y vueltas, tenues y veloces a tu antojo, en un torbellino de concavidades carnosas y pasos sensuales... Frenamos en un abrazo que atrevido rozaba en cero pudor cada forma de los cuerpos. Nos detuvimos tan pegados, pero tan pegados, que el aire pujaba en vano por escapar de entre los cuerpos. Sentí tu aroma a mar y madera de pino mezclándose al mío. 
Sinuosa y encendida, deslicé lentamente mi pierna izquierda y comencé a dibujar ochos... Al detenerme en un impulso que sabía a deseo, deslicé la punta de mis pies con tacones rojos, ascendiendo muy suave por tu entrepierna. Los cortes y quebradas de nuestros movimientos dibujaban  firuletes sobre una alfombra de fuego. Sin que te opusiera resistencia, me inclinaste hacia atrás, sosteniéndome por la espalda, tus labios rozando dúctiles mi cuello, me elevaste hacia ti, apretándome más; en ese momento estiré con brusquedad la pierna hacia atrás y pude sentir el aliento de tu beso a punto de escaparse, muy caliente, entreverándose en los acordes del violín y los lamentos rezongones del bandoneón.
La música empezaba a despedirse, me lanzaste hacia arriba, cruce mis piernas y quedé sentada como una niña sobre tu rodilla. Antes del último compás, me guiñaste un ojo, te arrebaté el sombrero y lo acomodé con gesto insolente en mi cabeza, me puse de pie y caminé deslizándome en punta, con las caderas en movimientos de abanico y cadencia sincopada. Tú me observabas en lobo hambriento, siempre te gustaron las presas difíciles. Y yo no soy una mina más. Me saqué el sombrero, lo arrojé al suelo y emprendí la retirada sin desviarme del objetivo. Lo recogiste y corriste a mi encuentro. Nariz con nariz, me susurraste al oído algo que no pude descifrar pero que sabía a pecado. Delatándote: Estás piantao por mí. Al llegar al extremo del salón te lancé un Fuck you, envuelto en una sonrisa pícara. Sabes que si digo Fuck you al compás de un tango, en nuestro lunfardo digo lujuria, digo pasión. Tal vez hoy ocurra un incendio en Harlem con sólo dos víctimas; sólo por esta noche... En nuestro barrio todo es por hoy, mañana es una palabra en guillotina… Mañana, no sé, si podremos bailar otro tango". © Melody Paz

sábado, 16 de octubre de 2010

Mineros de Chile-Una versión moderna de la alegoría platónica de la caverna

Más que una tragedia, los 33 mineros chilenos atrapados en la mina San José fueron los protagonistas involuntarios de un elaborado Reality que muy habilmente supieron explotar los políticos y los comerciantes de chucherías que medraron del apoteósico show mediático (un ejemplo pequeñisimo: Las gafas Oakley modelo Radar que tuvo que usar cada uno de los mineros durante todo el tiempo de su exposición ante la tv. mundial cuesta US $260 la unidad). Por supuesto que el esfuerzo mancomunado de un grupo de seres humanos por ayudar a sus congéneres es conmovedor; pero se me hace que es la explotación de esa conmoción la que merece un análisis riguroso. Yo, entre muchas imágenes alternas que el evento me suscita (imposible no asociar con un coito la penetración de un falo rígido por un estrecho agujero, la acechanza de los óvulos dentro de la matriz subterránea y la forma lenta y acompasada como la cápsula se retrotraía  una y otra vez por el mismo meato para aflorar a la superficie siendo portadora de una "nueva" vida), quiero dejar aquí registrada la más obvia, como para que cada quien piense y concluya.
Para aclarar la garrotera dada a los políticos al final del libro VI. (496a-497b) de su República, Platón comienza el libro VII con la exposición del Mito de la Caverna utilizándolo a manera de alegoría para explicar la situación en que se encuentra el hombre respecto al conocimiento. (versión de J.M. Pabón y M. Fernández Galiano, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1981 (3ª edición)
I - Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.
Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas. 
- Ya lo veo-dijo. 
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados. 
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros! 
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos? 
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas? 
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo? 
- ¿Qué otra cosa van a ver? 
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos? 
- Forzosamente. 
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar? 
- No, ¡por Zeus!- dijo. 
- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados. 
- Es enteramente forzoso-dijo. 
- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba? 
- Mucho más-dijo.

II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .? 
- Así es -dijo. 
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas? 
- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento. 
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio. 
- ¿Cómo no? 
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar. 
- Necesariamente -dijo. 
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían. 
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro. 
- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos? 
- Efectivamente. 
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable? 
- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida. 
- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol? 
- Ciertamente -dijo. 
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?. 
- Claro que sí -dijo.

III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del. sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la. región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.
- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Especulación patafísica sobre el Punto de Quiebre

Me la eché con el titulito. Tres terminachos rimbombantes en una sola frase para exponer una diletancia fundamentada en su petitio principii (otro más descrestador aún). El primero de ellos, Especulación es (en la acepción que aquí nos interesa) el acto de reflexión dialéctica mediante el cual el sujeto pensante resuelve las contradicciones o antinomias aparentemente insalvables del objeto con que se relaciona (en cristiano: trata de explicar el cómo, el por qué y el para qué de las cosas de su alrededor). El segundo, Patafísica, es una contracción de epí ta metá ta physiká ἐπὶ τὰ μετὰ τὰ φυσικά (aquello que se encuentra «alrededor» de lo que está «después» de la física [el rebusque en griego es por posar, no le pare bolas]). Jocosamente ambiguo, el "método" patafísico se dedica «al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones» con base en el principio de la unidad de los opuestos (Coincidentia oppositorum). Como dijo Giordano Bruno, "el universo comprende todas las contradicciones inherentes a su ser en unidad y conveniencia". Y el tercero, el Punto de quiebre, es la metáfora de la que quiero echar mano utilizando la analogía de la línea platónica (Rep.VI) para tratar de sugerir algún paralelismo oculto entre las dos "regiones de la realidad" (mundo sensible y mundo inteligible) o, lo que es su equivalente, buscarle la comba a la posibilidad de una reunificación de los tipos de conocimiento (el sensible u opinión o doxa (δόξα) y el inteligible). Para ello cometo la introducción arbitraria de un Punto, si se quiere, Paradojal en el discurso de la razón a partir del cual las relaciones del sujeto con su modo de conocer le modifican y condicionan los desarrollos posteriores de su campo de realidad (¡Uf...! descubrí que el agua moja). Todo ese galimatías de Perogrullo para reclamar a lo que queda en el mundo de Investigación sobre lo social y Pensamiento Crítico, la necesidad de construir los insumos estéticos, epistémicos y vivenciales para una "revisión" de las formas, causas y efectos de nuestro hacer como especie en el mundo; entendida esta revisión no como un volver-a-mirar-en-busca-de- (opción que no se debe descartar), sino como un otear en todas direcciones hasta encontrar la mónada crítica (de crisis), el momento opcional, el segmento de disjunción en la historia del desarrollo social humano en el cual se optó por la opción materialista o tecnológica.
Encontrar ese punto nodal es urgente para reorientar nuestro periplo en busca de nuevas sendas que, quizás, nos ayuden a recuperar saberes perdidos en sucesos ya distantes y borrosos como la mística de la Iniciación egipcia, o la ciencia de los Misterios de Eleusis, o la reminiscencia que aflora en la sonrisa de Zaratustra, o la contemplación que ilumina la introspección de Shidarta...¿Qué saber arcano se perdió en la Biblioteca de Alejandría? ¿Qué tal si la Torre de Babel hubiese sido un mecanismo similar a nuestra moderna Red global?...¿A qué conocimientos tuvieron acceso los ángeles de la Pentapolis palestina, Josué el de las murallas de Jericó, Platón el del avatar socrático, Enóc el del origen de los Nephilim, los escribanos de las Sagradas Escrituras que nos hablaron de los Tres Árboles (los deliciosos a la vista, los de la vida y el De la Ciencia del Bien y del Mal) y nos contaron que haber comido de aquel fruto fue nuestro "Pecado original", Descartes el del Árbol del conocimiento, Frank Herbert quien nos describe en Dune las peripecias de la comunidad de las Bene Gesserit?...
Son sólo preguntas. No tengo respuestas. Pero, al echarlas al aire, creo dar origen a una cadena de especuladores que se inquieten por aportar nuevas búsquedas y preparo el ambiente para mis próximos blogs referentes al "cambio de paradigmas".Agradeceré inmensamente todo aporte, comentario, contrapunteo, etc.

lunes, 11 de octubre de 2010

La salvaje esperanza- Octubre 12, el festín de los vencidos

Nos tratan de ignorantes y subdesarrollados porque nos destruyeron.
Arrasaron las raíces y los frutos de la cultura de América –Eldorado en sabiduría- y nos negamos a sobrevivir con la cultura del asesino: la razón y el fusil.
Fundieron nuestros dioses en monedas de oro.
Nuestros templos los convirtieron en bancos.
Nuestros palacios en burdeles del poder tirano.
¡Monstruosa iniquidad!
 Los blancos dominadores forjaron las cadenas: silenciaron nuestros cantos cósmicos y condenaron al fuego del olvido la Deidad que custodiaba el destino y guiaba nuestros pasos por el astro: ¡La Esperanza!
En su avasallamiento salvaje nos secaron las fuentes de la tradición y la trascendencia y nos forzaron a sangre y fuego  a la deserción de nuestro ser. Mutilaron nuestros sueños.
Cuando aullamos de sed se nos dio de beber en los cántaros secos del código penal y el evangelio romano: el saqueo de los vándalos del alma, la feroz inquisición, teología de bárbaros.
Éramos reyes y nos volvieron esclavos.
Éramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Éramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Éramos felices y nos civilizaron.
¿Quién refrescará la memoria de la tribu?
¿Quién revivirá nuestros dioses?
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,
querida alma inamansable.
Gonzalo Arango (no tengo certeza de si este texto está en Fuego en el altar -Plaza&Janés 1974- o en Providencia, idem 1972, yo lo extraje de un recorte de prensa de la época, porque todas las versiones que aparecen en otros sitios y blogs están incompletos) En la fotografía, mujeres Emberá-katío (unas cuantas sobrevivientes) mendigando en las calles de Bogotá después de haber sido exiliadas de su tierra por los agentes paramilitares al servicio de los ganaderos y las mega represas hidroeléctricas.

viernes, 8 de octubre de 2010

De El Comandante Che - En el día del Guerrillero Heroico

Ernesto Guevara de la Serna (Rosario, Argentina, 14 de junio de 1928- La Higuera, Bolivia, 9 de octubre de 1967) La Higuera, una pequeña localidad de un poco más de 100 habitantes, ubicada al sur de la provincia Vallegrande en el departamento de Santa Cruz, Bolivia, ingresó a los anales de la Historia Universal de la Infamia por las ejecuciones de Willy Cuba  y El Che el 9 de octubre de 1967 después de su rendición en la batalla de la Quebrada del Churo. A 43 años de la oblación, todo comentario al respecto puede resultar anacrónico,  ininteligible o, en el mejor de los casos, redundante ante el océano de documentos que hoy proliferan sobre el tema. Así pues, para rendir mi debido homenaje, publico el siguiente compendio de algunas anotaciones hechas por el Che en su libreta de apuntes cuando andaba por el Congo, en un momento posterior al 22 de mayo de 1965. El tema del escrito recoge su sentir ante "la noticia más triste de la guerra”: el anuncio que Osmany Cienfuegos le hiciera de la posible muerte de Celia, su madre. Las fotos son de los profesores chilenos Patty Cepeda y su compañero Eduardo Rea. (las negritas son mías) 
"En conversación telefónica desde Buenos Aires informaban que mi madre estaba muy enferma, con un tono que hacía presumir que ese era simplemente un anuncio preparatorio. [...] Tuve que pasar un mes en esa triste incertidumbre, esperando resultados de algo que adivinaba pero con la esperanza de que hubiera un error en la noticia, hasta que llegó la confirmación del deceso de mi madre. Me lo dijo como se deben decir estas cosas a un hombre fuerte, a un responsable, y lo agradecí. No me mintió preocupación o dolor y traté de no mostrar ni lo uno ni lo otro. ¡Fue tan simple! Además había que esperar la confirmación para estar oficialmente triste. Me pregunté si se podía llorar un poquito. No, no debía ser, porque el jefe es impersonal: no es que se le niegue el derecho a sentir, simplemente, no debe mostrar que siente lo de él; lo de sus soldados, tal vez. 
-Fue un amigo de la familia, le telefonearon avisándole que estaba muy grave, pero yo salí ese día 
-Grave, ¿de muerte? 
-Sí. 
-No dejes de avisarme cualquier cosa. 
-En cuanto lo sepa, pero no hay esperanzas. Creo. 
Ya se había ido el mensajero de la muerte y no tenía confirmación. Esperar era todo lo que cabía. Con la noticia oficial decidiría si tenía derecho o no a mostrar mi tristeza. Me inclinaba a creer que no. El sol mañanero golpeaba fuerte después de la lluvia. No había nada extraño en ello; todos los días llovía y después salía el sol y apretaba y expulsaba la humedad. Por la tarde, el arroyo sería otra vez cristalino, aunque ese día no había caído mucha agua en las montañas; estaba casi normal. 
---Decían que el 20 de mayo dejaba de llover y hasta octubre no caía una gota. Decían... pero dicen tantas cosas que no son ciertas.---¿La naturaleza se guiará por el calendario? No me importaba si la naturaleza se guiaba o no por el calendario.--- En general, podía decir que no me importaba nada de nada, ni esa inactividad forzada, ni esta guerra idiota, sin objetivos. Bueno, sin objetivo no; sólo que estaba tan vago, tan diluido que parecía inalcanzable, como un infierno surrealista donde el eterno castigo fuera el tedio. Y, además, me importaba. Claro que me importaba.
"Hay que encontrar la manera de romper esto", pensé. Y era fácil pensarlo; uno podía hacer mil planes, a cual más tentador, luego seleccionar los mejores, fundir dos o tres en mío. simplificarlo, verterlo al papel y entregarlo. Allí acababa todo y había que empezar de nuevo. Una burocracia más inteligente que lo normal; en vez de archivar, lo desaparecía. Mis hombres decían que se lo fumaban, todo pedazo de papel puede fumarse, si hay algo dentro. Era una ventaja, lo que no me gustara podía cambiarlo en el próximo plan. Nadie lo notaría. Parecía que eso seguiría hasta el infinito. Tenía deseos de fumar y saqué la pipa. Estaba, como siempre, en mi bolsillo. Yo no perdía mis pipas, como los soldados. Es que era muy importante para mí tenerla. En los caminos del humo se puede remontar cualquier distancia, diría que se pueden creer los propios planes y soñar con la victoria sin que parezca un sueño: sólo una realidad vaporosa por la distancia y las brumas que hay siempre en los caminos del humo. Muy buena compañera es la pipa; ¿cómo perder una cosa tan necesaria? ¡Qué brutos!
No eran tan brutos: tenían actividad y cansancio de actividad. No hace falta pensar entonces y ¿para qué sirve una pipa sin pensar? Pero se puede soñar. Si, se puede soñar, pero la pipa es importante cuando se sueña a lo lejos; hacia un futuro cuyo único camino es el humo o un pasado tan lejano que hay necesidad de usar el mismo sendero. Pero los anhelos cercanos se sienten con otra parte del cuerpo, tienen pies vigorosos y vista joven; no necesitan el auxilio del humo. Ellos la perdían porque no les era imprescindible, no se pierden las cosas imprescindibles. 
¿Tendría algo más de ese tipo? El pañuelo de gasa. Eso era distinto; me lo dio ella por si me herían en un brazo, sería un cabestrillo amoroso. La dificultad estaba en usarlo si me partían el carapacho. En realidad había una solución fácil, que me lo pusiera en la cabeza para aguantarme la quijada y me iría con él a la tumba. Leal hasta en la muerte. Si quedaba tendido en un monte o me recogían los otros no habría pañuelito de gasa; me descompondría entre las hierbas o me exhibirían y tal vez saldría en el Life con una mirada agónica y desesperada fija en el instante del supremo miedo. Porque se tiene miedo, a qué negarlo. Por el humo, anduve mis viejos caminos y llegué a los rincones íntimos de mis miedos, siempre ligados a la muerte como esa nada turbadora e inexplicable, por más que nosotros, marxistas-leninistas explicamos muy bien la muerte como la nada. Y, ¿qué es esa nada? Nada. Explicación más sencilla y convincente imposible. La nada es nada; cierra tu cerebro, ponle un manto negro, si quieres, con un cielo de estrellas distantes, y esa es la nada-nada; equivalente: infinito. Uno sobrevive en la especie, en la historia, que es una forma mistificada de vida en la especie; en esos actos, en aquellos recuerdos. ¿Nunca has sentido un escalofrío en el espinazo leyendo las cargas al machete de Maceo?; eso es la vida después de la nada. Los lujos; también. No quisiera sobrevivirme en mis hijos: ni me conocen; soy un cuerpo extraño que perturba a veces su tranquilidad, que se interpone entre ellos y la madre. Me imaginé a mi hijo grande y ella canosa, diciéndole, en tono de reproche: tu padre no hubiera hecho tal cosa, o tal otra. Sentí dentro de mí, hijo de mi padre yo, una rebeldía tremenda. Yo hijo no sabría si era verdad o no que yo padre no hubiera hecho tal o cual cosa mala, pero me sentiría vejado, traicionado por ese recuerdo de yo padre que me refregaran a cada instante por la cara. Mi hijo debía ser un hombre; nada más. mejor o peor, pero un hombre. Le agradecía a mi padre su cariño dulce y volandero sin ejemplos. ¿Y mi madre? La pobre vieja. Oficialmente no tenía derecho todavía, debía esperar la confirmación. Así andaba, por mis rutas del humo cuando me interrumpió, gozoso de ser útil, un soldado.
-¿No se le perdió nada? 
-Nada -dije, asociándola a la otra de mi ensueño.
-Piense bien. Palpé mis bolsillos: todo en orden. 
-Nada. 
-¿Y esta piedrecita? Yo se la vi en el llavero.
-¡Ah, carajo!. 
Entonces me golpeó el reproche con fuerza salvaje. No se pierde nada necesario, vitalmente necesario. Y, ¿se vive si no se es necesario? Vegetativamente sí. Un ser moral no, creo que no, al menos. Hasta sentí el chapuzón en el recuerdo y me vi palpando los bolsillos con rigurosa meticulosidad, mientras el arroyo, pardo de tierra montañera, me ocultaba su secreto. La pipa, primero la pipa; allí estaba. Los papeles o el pañuelo hubieran flotado. El vaporizador, presente; las plumas aquí; las libretas en su forro de nylon. sí; la fosforera, presente también, todo en orden. Se disolvió el chapuzón.
Sólo dos recuerdos pequeños llevé a la lucha; el pañuelo de gasa, de mi mujer y el llavero con la piedra. de mi madre, muy barato éste, ordinario; la piedra se despegó y la guardé en el bolsillo. ¿Era clemente o vengativo, o sólo impersonal como un jefe, el arroyo? ¿No se llora porque no se debe o porque no se puede? ¿No hay derecho a olvidar, aún en la guerra? ¿Es necesario disfrazar de macho al hielo? Qué sé yo. De veras, no sé. Sólo sé que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga: "mi viejo", con una ternura seca y plena y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos, como un muñeco de cuerda, como si la ternura le saliera por los ojos y la voz. porque los conductores rotos no la hacen llegar a las extremidades. Y las manos se estremecen y palpan más que acarician, pero la ternura resbala por fuera y las rodea y uno se siente tan bien, tan pequeñito y tan fuerte. No es necesario pedirle perdón; ella lo comprende todo: uno lo sabe cuando escucha ese "mi viejo"... -¿Está fuerte? A mí también me hace efecto; ayer casi me caigo cuando me iba a levantar. Es que no lo dejan secar bien, parece. ---Es una mierda, estoy esperando el pedido a ver si traen picadura como la gente. Uno tiene derecho a fumarse aunque sea una pipa, tranquilo y sabroso ¿no?..

lunes, 4 de octubre de 2010

Arthur Penn, uno de los directores más influyentes del siglo XX, falleció a finales de septiembre

El pasado 29 de noviembre, el Séptimo Arte perdió a Arthur Hiller Penn (Filadelfia, Pensilvania, EE. UU., 27 de septiembre de 1922 - Manhattan, Nueva York, 28 de septiembre de 2010 -por insuficiencia cardiaca). Metódico hasta en las fechas de nacimiento y muerte, Penn cerró su ciclo creativo en el medio televisivo, donde lo había iniciado, y en el cual había logrado una candidatura al Emmy por Playhouse 90 -1956-). Fue uno de los directores y productores de mayor influyencia en los planteamientos socio-políticos, el aprovechamiento del casting y el tratamiento de la imagen en el cine del siglo XX.  A lo largo de su extensa carrera se registran éxitos desde su paso por Broadway como director de las obras de teatro The Miracle Worker (conocida como El milagro de Ana Sullivan) y All the Way Home (ambas obras ganadoras del premio Tony), hasta su ingreso al mundo del cine, a finales de los 50, con el western The Left Handed Gun (1958), protagonizado por Paul Newman. Actuar bajo su guía era garantía de éxito y reconocimiento para sus intérpretes: Anne Bancroft, Patty Duke, Estelle Parsons, Warren Beatty, Faye Dunaway, Gene Hackman, Michael J. Pollard y Chief Dan George consiguieron una candidatura al Oscar (Por The Miracle, Ann Bancroft como actriz principal y Pat. Duke como actriz de reparto, precisamente las dos actrices que interpretaron esta obra en Broadway, y Estelle Parsons la obtuvieron). Él mismo fue tres veces candidato al Oscar al mejor director por The Miracle Worker (1962), Bonnie and Clyde (1967, con Warren Beatty y Faye Dunaway) y Alice's Restaurant. También obtuvo una nominación al Globo de Oro como mejor director por Bonnie and Clyde. La cadena de éxitos continuó con The Chase (1966), en la que dirigió a Marlon Brando, Robert Redford y Jane Fonda. Little Big Man (1970), su película más costosa, con Dustin Hoffman y Faye Dunaway en la cual tomaba como pretexto la narración de la conquista del Oeste desde una óptica diferente a la habitual (los indios eran los buenos) para criticar la actuación del Ejército de los Estados Unidos y al 7º Regimiento de Caballería que entonces combatían en la Guerra de Vietnam, y Night Moves (1975), con Gene Hackman y Melanie Griffith.
En 1973, dirigió algunas escenas del film de los Juegos Olímpicos de Múnich Visions of Eight junto a John Schlesinger, Claude Lelouch, Kon Ichikawa y Miloš Forman. Sus últimas obras estrenadas en cines fueron Dead of Winter (1987), con Mary Steenburgen, y Penn & Teller Get Killed (1989). Desde finales de la década de 1980, Penn había dirigido sus pasos a la televisión, donde realizó el telefilm El Retrato (1993), con Gregory Peck y Lauren Bacall y participó en la producción de la serie Ley y Orden (estrenada el 13 de septiembre de 1990 por la NBC ésta es, después de Los Simpson, la serie más veterana en emisión, con 20 temporadas en 2010) 
Escrita por Robert Benton y David Newman, e inspirada en las películas europeas de arte y ensayo de la década de 1960, Bonnie and Clyde era una película predestinada para los directores franceses; pero, ante la negativa de Francois Truffaut y de Jean Luc-Godard, y para satisfacer los ruegos de Beatty, Penn aceptó dirigir la cinta que narraba una huida fatal protagonizada por unos criminales inolvidables (Warren Beatty y Faye Dunaway) , una obra de culto que logró un tremendo impacto en EE.UU.  Y, a partir de esa determinación, el cine cambió definitivamente su concepción esteticista de la "crudeza de las escenas", hasta el punto en que obras de otros directores, como Easy Rider, Taxi Driver o, incluso, The Godfather, emularon el modelo. En el documental A Personal Journey With Martin Scorsese Through American Movies, el propio director confesó las razones de su preferencia por las imágenes vívidas "Pensé que si íbamos a mostrar la violencia, realmente debíamos mostrarla como tal", "Debemos mostrar cómo es cuando alguien recibe un tiro". Rápidamente Bonnie and Clyde se convirtió en todo un himno liberal, rebelde y anti-sistema que hizo mella en aquella época. "Son jóvenes, están enamorados... y matan a gente" era el eslogan promocional de la cinta. La escena final de la muerte de la pareja es una de las más recordadas del cine. 
Adenda: Hoy hace un año se nos fue La Negra, Mercedes Sosa. La seguimos recordando.

sábado, 2 de octubre de 2010

La mano que mueve las cuerdas es la garra que araña desde las sombras

 
¡Bravo! Han logrado hacer concreto el oximoron de la inteligencia estúpida. A fuerza de obvias prestidigitaciones, incesantes reiteraciones, grotescas demostraciones y evidentes representaciones, consiguieron hacer invisible lo visible, admirable lo vulgar, institucional lo ilegal, respetable la obscenidad, refinado el chamboneo y corriente lo anormal. En el esperpéntico escenario de la neo-política colombiana, los protagonistas son guiñoles reciclados que ejecutan su accionar con la intensidad de la cuerda que los hala. Los espectadores, muchos de ellos "gente que aplaudió y bendijo las licencias de un legalismo entreverado de arbitrariedad y de trampa"*, mezcla de credulidad, impavidez, resignación y curiosidad, nos contorsionamos para mirar tras la tramoya tratando inútilmente de descubrir al titiretero; pero, sobre el teatrino todo es oscuro y aunque se presiente el frenesí entre bambalinas y de los páneles circundantes nos llegan los ecos de una perorata amable y esperanzadora, todos sentimos que seguimos asistiendo al mismo espectáculo de violencia, hipocresía y revanchismo al que fuimos introducidos por primera vez hace ya ocho siniestros años. "Ya se siente. Mucha gente que se benefició con este experimento de plata en una mano y fusil en la otra, de una vela a Dios y otra al Diablo, de diminutivos y palabrotas, de humildad simulada y soberbia con poncho; mucha gente que se benefició de este régimen que sabía siempre cuándo abrir los ojos y cuándo cerrarlos; dónde no enterarse de nada (como con DMG) y dónde enterarse de todo (como en los teléfonos intervenidos por orden del poder)"* .. Después de todo, los protagonistas del actual entremés "democrático" son las mismas marionetas de las representaciones anteriores, y sus oscuros libretistas alteran levemente el tono de los textos pero cuidan de no modificar la intencionalidad (o, como dirían los semiólogos, la función perlocutiva) de los discursos; "ahora volverá al clásico respeto de las apariencias, a la misa piadosa, al habla bien castiza, a la respetabilidad republicana que nos legaron nuestros mayores, y tratarán de cerrar la grieta que se abrió en las viejas murallas del poder, por donde rezumó una cierta pestilencia"*. Hicieron parecer como si toda la descarada corrupción de los burócratas, la insaciable ambición de los terratenientes, la postración servil y cobarde de los congresistas, el desborde cruel y oneroso de los militares y la saña esquizoide y mezquina del salgareño fuesen la mise en scène de una obra teatral montada para consolidar las distintas interacciones del vodevil democrático colombiano.
Todo hacía suponer que había un acuerdo explícito para proteger la cabeza del gobierno, que, en últimas, resumía en su gestión nuestros "doscientos años de tradición democrática". Pero, quienes, como Diógenes, tenemos agudeza de perro, siempre oliscamos detrás de la pantomima un andamiaje mucho más sofisticado desde el cual extendían sus garras unos personajes que ahora, cuando nuestras pupilas se están acostumbrando a la oscuridad, comienzan a hacerse evidentes. "Tratarán de no ver que mientras los reflectores iluminaban la trama brutal de las guerrillas y las cadenas infames en los cuellos de los secuestrados, procuraban hacer invisibles las masacres y las fosas comunes de los otros"*. A medida que se van disipando las sombras, se van materializando en su grosera desnudez los IVNIS, individuos voladores no identificados (/voladores/ que hacen voladuras), los "procuradores", y los traficantes de los partidos políticos. "Nos dirán que cesó la negra noche, con todos los fantasmas que reinaron en ella, y los consentidos del poder vendrán a recibir como siempre, a manos llenas, las auroras de su invencible luz. Pero me temo que no será tan fácil recoger esa cosecha de paz y de prosperidad sin asumir el precio inevitable."* Lo que mortifica de todo ello, es la sensación de aislamiento e impotencia para protestar por el insulto a nuestra inteligencia, proferido por las bocazas del exministro de defensa que ahora funge como presidente de la república y el procurador ordoñez, que justifica su venalidad exonerando corruptos y legitima su misoginia usurpándole la investidura de Senadora democráticamente elegida a Piedad Córdoba y declarando "delito de lesa humanidad" el aborto de menores de edad. "Todos descubrirán con horror que, además de los secuestros y los otros crímenes de las guerrillas, el fruto podrido de cien años de exclusión y de eterna violencia contra los campesinos, otros horrores prosperaron. Porque así fue siempre nuestra democracia: odio eterno a los crímenes de los que combaten el poder y perdón eterno a los crímenes de los que defienden el poder."* En cuanto al ahora presidente, es increible que no note las similitudes de procedimiento entre los bombardeos a Raúl Reyes y al Mono Jojoy, ni se moleste en analizar las "coincidencias" entre el bombardeo al mono, su viaje a Nueva York, su discurso en Naciones Unidas, el regreso "triunfal" del salgareño, ni sienta vergüenza de seguir sacando conejos de unos supercomputadores que salen indemnes ¡de 30 toneladas de dinamita! (el mío cayó de una altura de 40 cms. y se le jodió el sistema operativo con backup y todo) y un largo etcétera de declaraciones en defensa de las atrocidades uriberas. "Por ahora el poder parece haber vuelto a las manos de los predestinados: el río vuelve a su cauce. Pero todos sabemos que la supuesta estabilidad de los últimos años no nace de la industria, ni de la agricultura, ni de la creación de empleo, ni ha modificado la horrible estructura de distribución del ingreso que ha sido la causa de todas nuestras catástrofes."* 
Todas las citas con asterisco son tomadas de "¿La hora del olvido?" de William Ospina, Diario El Espectador, sept. 5 de 2010 (la idea no era glosar el texto del poeta, a quien le rindo mis disculpas si al enterarse se considera tergiversado) La ilustración en blanco y negro es de Honoré Daumier y la caricatura inferior es de Mico, publicada en El Espectador, oct. 3 de 2010