jueves, 3 de diciembre de 2009

Maestro Hernán Díaz- RIP


Este año, que en 28 dias concluirá, ha mostrado una predilección inusitada por un "cambio de paradigmas" en el mundo del arte, particularmente en la música y las plásticas. Es indudable que con la partida de Michael Jackson y Mercedes Sosa asistimos a la agoniía de la canción social y la música pop.
En Colombia, la fotografía, que alcanzó niveles de arte plástica en la retina de fotógrafos tan laboriosos y exquisitos como Pacho H. (+ 29-09-09) y Hernán Díaz (1931+ 30-11-09) tiende a convertirse por causa de las nuevas tecnologías digitales (cámaras web, teléfonos celulares y programas de edición) en un pasatiempo de fácil acceso que cuadricula la percepción de las imágenes y elimina las posibilidades estéticas de esculpir las figuras mediante el trabajo con la luz. Hernán Díaz era el último superviviente de un puñadito de soñadores que habían logrado convertir el desprestigiado oficio de los fotógrafos retratistas (quienes habían subordinado sus intereses a la reportería gráfica, las instalaciones y los performances) en el toque mágico que imprimía en sus objetos un "aire diaznero" de glamour y sexappeal.
El maestro Díaz  fue corresponsal de Time, Fortune, Life y Christian Science Monitor; además de participar en la Bienal de Venecia, fue uno de los primeros que retrató a Fernando Botero. En 1963 publicó Seis artistas contemporáneos, su primer libro,  y  fundó Memorabilia (la primera tienda galería de fotógrafos de arte del país), después publicaría Cartagena morena, Diario de una devastación, Las fronteras azules de Colombia, Casa de huéspedes ilustres de Colombia, Cartagena de siempre y Retratos. Marta Traba, una de los dos únicos críticos de arte (el otro fue Ängel Rama) que ha tenido y tendrá Colombia en todos sus tiempos, dijo de él lo siguiente en la revista Semana, en 1962:

EI fervor por la fotografía de arte que se comprueba continuamente en Europa y Norteamérica, es muy poco visible en Colombia. La mayor parte del público considera que la fotografía muestra con nitidez lo que todos somos capaces de ver y que no es más que la fijación de ciertas imágenes petrificadas en actitudes convencionales. El fotógrafo artista, sin embargo, es mucho más que un cronista que registra con pasividad elegante las cosas existentes: debe descubrirnos el significado de las cosas simples, subrayar la poesía en la cual no tenemos ni tiempo ni muchas veces capacidad de reparar, exaltar limpiamente la belleza de un mundo cotidiano que zarandeamos sin misericordia, ciegos, apresurados, indiferentes a su canto profundo. El fotógrafo no nos hará el trabajo de gran prestidigitador que esperamos de los pintores, capaces de cambiarnos un mundo por otro: le toca una tarea mas sutil, la de darle un significado nuevo a las imágenes que ya no nos interesan porque estamos demasiado seguros de poseerlas. Los grandes fotógrafos han rehecho todo, desde el cuerpo desnudo hasta una cafetera olvidada en el ángulo de la mesa. Han tenido ambiciones mas generales y vastas, como la de reconstruir la vida del hombre y obligar a ese mismo hombre, su publico, a que tome conciencia de esa vida como de algo impostergable y maravilloso. Han adiestrado con inteligencia y con emoción públicos cultos y por eso mismo siempre dispuestos a redescubrir el mundo de las formas. La tarea y la suerte de un fotógrafo de arte en Colombia me parece mas heroica, porque no siempre el publico responde a la invitación a ver. Todo en Colombia, por mas viejo que sea en el resto del planeta, es asombrosamente inédito.  El fotógrafo de arte empieza a mostrar; su espectador comienza a descubrir. El fotógrafo ha caminado entre cosas simples: el país en que vive lo condena fatalmente hacia el niño negro con su miserable vientre hinchado, hacia las mujeres de pueblo bloqueadas en las pesadillas de su tarea sin fin, hacia los entierros pobres deslizando su desnudez hiriente y lastimosa por la radiante ladera de la montaña.  Pero una vez que presenta su carta de ciudadanía y que aclara con ella que su cámara no esta apoyada en la Acrópolis para ver el Mediterráneo sino en una región escueta y lacerada que se llama Colombia, el fotógrafo se deja llevar por la vitalidad y el encantamiento de las imágenes y ya nada interfiere su placer de comunicar a los demás sus propias revelaciones. En este momento el fotógrafo de arte toma nombres precisos y distintos: Hernán Díaz y Guillermo Angulo. Las fotografías de Hernán Díaz presentadas en la Sociedad Económica de Amigos del País, son composiciones dominadas por un interés plástico. El negro y el blanco se vuelven contrapunto dinámico y el pintor que esta detrás del fotógrafo olvida casi el significado del tema para resolverlo como una serie de formas validas en si mismas. 
Más aún que en una pintura, alterada irremediablemente por la sensualidad de los colores, la forma emerge aquí pura, residiendo con fuerza en la línea desvencijada de un coche o en el brazo oscuro de una mujer, o en la convulsión abanderada de una falda en mitad de la danza. Guillermo Angulo esta más unido a las cosas reales y más interesado que Hernán Díaz en explicar sus significados. Fotografía reivindicatoria, es la apoteosis de las cosas simples y se complace en inventariar lo que la sociedad ha relegado a su trastienda oscura. Esta declaración de contenidos, sin embargo, está muy lejos del cartel demagógico y se hace con inteligencia a través de la belleza con que se coloca la imagen en su imprevisto y emocionante escenario. Por ambos lados, por el lado plástico de Díaz o por el lado realista de Angulo, la exposición es excelente. Elogio que habría que extender a la manera de presentar las propias fotografías, inteligente “mise en scene” que nos advierte, desde que trasponemos el umbral, que lo que veremos en las fotografías pertenece, sin equivocación, a la categoría de imágenes re-creadas por un artista. 
Las imágenes femeninas son 2 de las muchas que Díaz le tomó a nuestra entrañable Fanny Mikey, no encontré datos sobre quien haya tomado las del maestro.    

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